15 de marzo 2007
Hay días que uno debe guardar en la memoria- pero saberlos encontrar, me dirían ustedes- Este ha sido uno de ellos. Mi día empezó temprano. A las siete ya estaba en Álamos para iniciar el recorrido por escuelas de diversas comunidades. La “Piareña”, una camioneta doble cabina que usan los profesores para hacer recorridos a sus escuelas, estaba lista para emprender el viaje. Caminos difíciles, terracería, lomas y lomas. En agradable compañía de compañero ATPs: María Magdalena Ruiz, Idolina Félix y el Profr. Ildefonso Vazquez, Supervisor de la zona escolar 087, - al volante- que se conocen la región con los ojos cerrados me iban instruyendo sobre los lugares que íbamos pasando, incluso detalles sobre en dónde se surten de panelas y requesón, salpicando la plática con anécdotas ocurridas en estos trayectos. No paramos de reirnos ni un minuto. Las escuelas visitadas están a gran distancia de la ciudad y en su mayoría son escuelas de un maestro que atiende a todos los grados en un solo salón. Los niños son muy pocos y nos reciben con mucho agrado. Son tan pocos que las visitas saludamos de mano a cada uno de ellos. Al platicar con ellos uno se da cuenta de la importancia que cobran la charla, la lectura de un cuento escrito por ellos, los cuentos que se les leen son escuchados con gran interés. En todas las escuelas- de Yocogihua, Jerocoa, Techobampo y Badocuate- nuestra visita fue bienvenida y tuvimos un gran entendimiento con los niños y maestros. Aquí es cuando cobra relevancia el trabajo que realizamos, en ese momento supremo donde comunicamos nuestras inquietudes en un marco de igualdad, como lectores universales. Espero que se hayan sembrado algunas buenas semillas que tarde o temprano den sus frutos en la formación de lectores y escritores. Entonces el día se hace memorable, sé que en esos momentos de oscuridad a donde suelo ir de vez en cuando, cuando me gana el desánimo o le pierdo sentido a lo que hago, puedo recurrir a este grato recuerdo y volver a la carga. Cuando sienta esa tristeza, recordaré esas caritas que sonreían, esos mínimos gestos para comunicar el recuerdo de algún libro, esos 8 alumnos sentados en círculo escuchando atentos la lectura de un cuento. Ese será mi faro, sólo espero encontrarlo siempre. Las panelas se compraron al regreso y las comimos con gusto- tortillas de maíz y de harina no nos faltaron- mientras la “Piareña” seguía dando tumbos y adentro nuestros corazones sonreían, estoy seguro. Por la tarde visitamos las comunidades de Techobampo y Badocuate, ahi estuve acompañado por la maestras Brenda Lemus y Dulce Brenda Luna, los profesores Alejandro Flores y Rumualdo Matuz
4 comentarios:
LEI TU DIARIO ESTEBAN, FELICIDADES. TE ACOMPAÑE EN EL VIAJE
Que bueno que tu viaje haya sido tan satisfactorio.
Ese Esteban... no quedó queso panela???
Invita... je.
nacho mondaca
Incorporé algunas precisiones a este texto.
Nacho, las panelas estaban riquísimas, no quedó nada. A la próxima.
Gracias maestra Benita y Betzy por sus comentarios.
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