Estoy de vuelta en la oficina. No sé cómo puedo estar despierto, después de este fin de semana. Fue el fin de semana programado para ir de pesca. El viernes tuvimos una reunión previa. El sábado salimos. Llegamos a un lugar cercano a Kino, un estero por un lado y por otro una pequeña bahía. Como no queríamos estar a pleno sol, rentamos un cuarto con baño y una ramada. Bajo la ramada colocamos las casas de campaña. Luego de bajar todas las cosas y acomodarnos, Oscar y su hermano Norbero nos dieron la clase de pesca. Llevaban tres tarrayas y estuvimos haciendo tiros en la arena, hasta que más o menos nos salieron. De por medio un montón de risas y bromas. Lalo, el arqui, contó que había atrapado a un perro con una tarraya. Desgraciadamente el mar estaba muy agitado y no era propicio para la pesca, así que los chicos se fueron a bañar, eran los hijos de Silvino, primo de Oscar. También el hijo de Óscar, Arturito. El hijo de Florentino, Carlitos, y mi hijo, Esteban. También iba la esposa de Silvino, que por cierto entre ambos se aventaron la preparación de siete kilos de curvinas, de rechupete. Hicieron unas curvinas sarandeadas y otras fritas. Nos pusimos una hartada, si de por sí estamos panzones los que íbamos, no nos podíamos mover y ya era la hora del regreso. La pesca la hicimos en la noche, cuando el mar se calmó un poco, en el estero, pero no hubo nada. Así que nos reunimos en torno a una lumbrada y contamos chistes, historias y cantamos. El arqui llevaba una guitarra y estuvo sacando algunas rolas. Ahí estábamos chicos y grandes disfrutando de la compañía. Viéran visto cómo nos hizo reir nuestro amigo Florentino con sus ocurrencias, cuanta unos chistes bárbaros y con tanta gracia. No parábamos de reir. El chiste que se llevó la jornada fue el de la mochita, está tremendo. Me gustaría convencerlo de que escriba un libro de charras porque tiene un montón, muchas se refieren a su pueblo, en Sinaloa. Después de un rato nos fuimos a dormir. Yo no pude dormir nada. Como a la una me levanté, me fui al mar a tirar el anzuelo, estuve buen rato ahí hasta que me dio un poco de frío, entonces me devolví al campamento. Los ronquidos seguían a todo lo que daban. Avivé un poco el fuego de hornilla para tomar café y le eché unos leños a la fogata. Las estrellas estaban preciosas, entonces me senté junto al fuego y me puse a meditar. La luna se fue ocultando entre los cerros y entonces la noche se hizo profunda. Se levantó Norberto y tomamos un café y compartimos nuestras historias de vida. Luego despertamos a los demás. Eran las tres de la madrugada y nos fuimos a caminar por la playa a tirar las tarrayas. La tiramos varias veces pero sólo habían peces muy pequeños. parece que nos tocó mala época para la pesca. Lo bueno que los lancheros salen a mar abierto, así que por la mañana compramos un montón de pescado para saborearlo. Al manecer unos taloneamos el pescado, mientras que Florentino tomó el mando de la cocina y guisó salchichas y huevos con jamón. Estuvo delicioso. Total que aunque no hubo pesca, se cumplió el objetivo de pasarla bien. Lo interesante es que no nos hizo falta para nada el licor para pasarla bien, nadie tomó una gota de alcohol y cada uno disfrutó como quiso. Esta convivencia es revitalizante. El grupo de pesca quedamos en seguir trabajando por llegar a constituirnos como un club, con planes a futuro de comprar una lancha y equipo de pesca. Tenemos otros compañeros que no fueron esta vez, que se extrañaron. Nuestros hijos también se la pasaron bien. También nuestras esposas, porque las dejamos descasar en casa.BIENVENIDOS A LA ISLA DEL CUENTO
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30 de abril de 2007
A DIARIO- 30 DE ABRIL 2007
Estoy de vuelta en la oficina. No sé cómo puedo estar despierto, después de este fin de semana. Fue el fin de semana programado para ir de pesca. El viernes tuvimos una reunión previa. El sábado salimos. Llegamos a un lugar cercano a Kino, un estero por un lado y por otro una pequeña bahía. Como no queríamos estar a pleno sol, rentamos un cuarto con baño y una ramada. Bajo la ramada colocamos las casas de campaña. Luego de bajar todas las cosas y acomodarnos, Oscar y su hermano Norbero nos dieron la clase de pesca. Llevaban tres tarrayas y estuvimos haciendo tiros en la arena, hasta que más o menos nos salieron. De por medio un montón de risas y bromas. Lalo, el arqui, contó que había atrapado a un perro con una tarraya. Desgraciadamente el mar estaba muy agitado y no era propicio para la pesca, así que los chicos se fueron a bañar, eran los hijos de Silvino, primo de Oscar. También el hijo de Óscar, Arturito. El hijo de Florentino, Carlitos, y mi hijo, Esteban. También iba la esposa de Silvino, que por cierto entre ambos se aventaron la preparación de siete kilos de curvinas, de rechupete. Hicieron unas curvinas sarandeadas y otras fritas. Nos pusimos una hartada, si de por sí estamos panzones los que íbamos, no nos podíamos mover y ya era la hora del regreso. La pesca la hicimos en la noche, cuando el mar se calmó un poco, en el estero, pero no hubo nada. Así que nos reunimos en torno a una lumbrada y contamos chistes, historias y cantamos. El arqui llevaba una guitarra y estuvo sacando algunas rolas. Ahí estábamos chicos y grandes disfrutando de la compañía. Viéran visto cómo nos hizo reir nuestro amigo Florentino con sus ocurrencias, cuanta unos chistes bárbaros y con tanta gracia. No parábamos de reir. El chiste que se llevó la jornada fue el de la mochita, está tremendo. Me gustaría convencerlo de que escriba un libro de charras porque tiene un montón, muchas se refieren a su pueblo, en Sinaloa. Después de un rato nos fuimos a dormir. Yo no pude dormir nada. Como a la una me levanté, me fui al mar a tirar el anzuelo, estuve buen rato ahí hasta que me dio un poco de frío, entonces me devolví al campamento. Los ronquidos seguían a todo lo que daban. Avivé un poco el fuego de hornilla para tomar café y le eché unos leños a la fogata. Las estrellas estaban preciosas, entonces me senté junto al fuego y me puse a meditar. La luna se fue ocultando entre los cerros y entonces la noche se hizo profunda. Se levantó Norberto y tomamos un café y compartimos nuestras historias de vida. Luego despertamos a los demás. Eran las tres de la madrugada y nos fuimos a caminar por la playa a tirar las tarrayas. La tiramos varias veces pero sólo habían peces muy pequeños. parece que nos tocó mala época para la pesca. Lo bueno que los lancheros salen a mar abierto, así que por la mañana compramos un montón de pescado para saborearlo. Al manecer unos taloneamos el pescado, mientras que Florentino tomó el mando de la cocina y guisó salchichas y huevos con jamón. Estuvo delicioso. Total que aunque no hubo pesca, se cumplió el objetivo de pasarla bien. Lo interesante es que no nos hizo falta para nada el licor para pasarla bien, nadie tomó una gota de alcohol y cada uno disfrutó como quiso. Esta convivencia es revitalizante. El grupo de pesca quedamos en seguir trabajando por llegar a constituirnos como un club, con planes a futuro de comprar una lancha y equipo de pesca. Tenemos otros compañeros que no fueron esta vez, que se extrañaron. Nuestros hijos también se la pasaron bien. También nuestras esposas, porque las dejamos descasar en casa.
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