Al terminar de escribir la parte uno, supe que tendría que escribir esta otra porque inmediatamente se me vinieron a la mente otras ideas relacionadas con el mismo asunto.
Por ejemplo, que sí es muy importante el estímulo cuando uno comienza en esta labor, son los primeros pasos y hay que alentarlos. Pero una vez que se ha definido tu vocación como poeta, narrador o ensayista, ese aliento es menos determinante. Es cuando uno ya puede sobrevivir por sí solo.
Otro peligro que también se me ocurre es que si se busca la aprobación incondicional, es decir, si se depende mucho de los demás para crear tu obra, se corre el riesgo de escribir solo para satisfacer a los demás, lo que limita la búsqueda de nuevas temáticas y formas de experimentar.
Por otra parte, cuando se “infla” la obra de un principiante, se puede uno trepar en una nube y no querer bajar de ella, de tal modo que vives creyéndote un consagrado cuando apenas estás al inicio del camino.
Un amigo mío me dice que tenemos que sudar la camiseta, trabajar duro en la máquina porque ¿qué pasaría sin en estos momentos viene una editorial grande a buscar nuestros textos?, con la pena, tendría que decirle que no tengo todavía nada publicable. Por eso es necesario trabajar duro para después cosechar y no dormirme en mis laureles por dos o tres aciertos que he tenido. El camino es largo y se tiene que pagar el precio.
A veces pienso que no me empeño lo suficiente, pero quiero las máximas recompensas. Otras veces pienso que tengo la recompensa de acuerdo al esfuerzo que hago. Es decir poco, porque este trabajo de escribir se hace, lo hago, todavía a nivel amateur, por más que me crea un profesional y entonces me conformo con escribir de vez en vez, poca producción, porque lo hago en tiempos robados, escamoteados a la familia, al sueño.
Y hablando de sueños, el sueño dorado, el que acaricia todo escritor es llegar un día a tener todo el tiempo del mundo para poder embarcarse en la escritura de su obra maestra. Es como la isla de la fantasía. “Para cuando me jubile”, dicen por ahí y yo les digo que cuando llegue mi jubilación lo que voy a tener son ganas de escribir mis memorias y dar migas de pan a las palomas, pero ya habrá pasado el tiempo para emprender la gran obra.
Por eso, mis amigos, mejor hay que darle a esto, con los pies en la tierra y no correr tras el aplauso fácil que lleva a una tierra ilusoria.
2 comentarios:
sabes, Esteban...no sé realmente cuando alguien se da cuenta que ha dejado de ser un amateur...ojalá que todos los escritores llenaran sus páginas como si nunca dejaran de serlo, creo, que en el momento en que se convierten en profesionales, en ese justo momento, se pierde la frescura. Lo mejor debe ser escribir para ti mismo, cuando puedas, todo lo que puedas, mientras eso te de satisfacciones...eso será lo que importa.
Lo demás creo que es cuestión de suerte y de estar en el momento correcto, con las pesonas indicadas.
saludos
Un gran tema, Esteban. Creo que la literatura está en un momento de inflexión. Hay que experimentar con temas y formas narrativas o poéticas, sin temor al rechazo inmediato, que suele ser común.
Hay que trabajar, eso sí y sin ponernos moralistas, con honestidad e imprimir cierto rigor a lo que hacemos. No falta el escritor que quiere hacer cuentas alegres con su trabajo o hacerse el mártir, pero sin sudar la camiseta, sin asumir que el arte es un camino espinoso, no?
Un abrazo afectuoso y felicidades por plantear estos temas picudos.
Nacho m.
Publicar un comentario