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3 de febrero de 2008

EL CUENTO SEMANAL 4



LAS PALABRAS LO ENSUCIAN TODO
ESTEBAN DOMINGUEZ
1
Siempre ha sido torpe con las palabras, de hecho siempre le ha costado caro lograr una buena comunicación nunca ha sido su fuerte. A veces quería decir por ejemplo ·me siento aburrido” y sus palabras eran “hace falta un sueño en mi vida” o “ ¿cómo se llamaban las nubes grandotas que van pasando?”, nunca atinaba a decir te quiero porque no había oídos para escucharlo y así no se vale, mejor uno se guarda las palabras y las va dejando que se hagan viejas como las esas herramientas que se almacenan para siempre , llega el momento en que nadie sabe dar razón de para qué sirven. Así le ocurría con esas palabras como cariño, amorcito, mi vida que los enamorados tienen en los labios a flor de piel. Por eso cuando esa mujer apareció en su vida no sabía ni cómo llamarla, ni cómo decir lo mucho que me hacía sentir y cómo todos sus buenos detalles le estaban comiendo los sesos del día a la noche. Y sin embargo, el amor no necesita de tantas palabras, él lo supo porque esa mujer era única, le encantaba solo mirarla, así que cuando por fin de muchas distancias y peripecias de ambos, pudieron encontrarse a solas, no hicieron falta palabras porque los besos cayeron donde debían y se hizo el milagro del amor. Las palabras se quedaron atentas, revoloteando en las cabezas de ambos. Acostumbradas a tener un lugar importante en las conversaciones, ahora no hallaban qué hacer, dónde meterse. Ella quería decir que no, que no estaba bien lo que hacían, que se habían equivocado, él quería decirle que siempre la esperó con ese infinito amor. Pero nadie dijo más de lo necesario. Y el amor creció como una planta, como una enredadera que se alimentaba de profundas decepciones en el terreno del amor por donde ambos habían transitado. Las palabras fueron importantes por la distancia que se imponía entre ellos, pero bastaba decir lo que se pensaba y sentía, aunque a veces eso creara algunos desencuentros. Porque, como ya se ha dicho, las palabras siempre se han negado a ser sus amigas, siempre ha conservado esa torpeza para decir lo que siente, también ya se dijo. Entonces ella le escribía largas cartas sobre su vida cotidiana, esas pequeñas peripecias que le hacían imaginarla a lo largo de su día como si yo estuviera ahí, acompañando sus horas. Él le contestaba cartas más pequeñas y le contaba algunos incidentes de su vida y así iban las cosas, cuando lograban verse, no eran precisamente las palabras las que estaban presentes, entonces las caricias, la desesperación de sus cuerpos tomaban el control y entonces todo era más fácil. Su torpeza causó varios desencuentros, distanciamientos que duraban poco, pero que lo mantenían sumamente preocupado. Y es que les digo, sus palabras le hacían decir cosas a tontas y locas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta la historia y ¿sabes? eso de confundir o combinar el "yo" narrrador con un "el" del mismo narrador, hace verdadera la confesión respecto al uso de las palabras. Brenda.

ESTEBAN DOMINGUEZ (ATP EN COORDINACIÓN ACADÉMICA DE SECUNDARIA) dijo...

Gracias, amiga por tus comentarios, espero recibir tus cuentos para enriquecer este espacio. Un saludo.