
CURA PARA EL MAL DE AMOR
Esteban Domínguez
Una vez que en el amor, cada uno de los participantes, a quien llamaremos los amantes, haya llegado a la saciedad y tenga una imperiosa necesidad de terminarlo- aquí las razones son tantas que sería necesario más espacio que esta receta, más propio para un manual o tratado- deberá tomar en cuenta las siguientes recomendaciones.
Aquí atenderemos únicamente a la manera como se puede curar esta terrible enfermedad cuyo síntoma más notorio es una total fascinación por el ser amado, -pero de ello ya se ha derramado mucha tinta en todos los tiempos y,- cuyas consecuencias, de no tratarse a tiempo, acarrea terribles males a quién la padece.
Los amantes que han decidido dar por terminado ese entramado de pequeños pero potentes lazos, deberán:
Primero. Estar seguros de que es su deseo más firme terminar. Para saber si así es, no hay más que echarse un clavado, en esas noches de insomnio, en uno mismo y preguntarse si ya se ha ido ese gusto, la fascinación por la persona amada. Esto es muy importante porque una vez que se dé este primer paso, no habrá vuelta atrás. Es sabido que un amor nunca será igual aunque se le quiera dar vida artificial, una vez que muere esa alta pasión, nada lo revivirá. La rosa jamás vuelve al rosal.
Segundo. Empezar por deshacerse de los detalles materiales acumulados por ambas partes. Cabe aclarar que en esas rupturas amorosas es uno de los amantes el que termina, raramente son los dos. Así que uno de ellos se aferrará a la fotografía en el parque, al anillo hecho de un pedazo de papel brillante, un osito de peluche, un corazón, un disco, las cartas tan encendidas. Los amantes son como hormiguitas, todo lo que se acumula a veces no cabe en una caja. Una vez reunidos los detallitos, se puede pactar un intercambio tal vez en una última cita, donde puede que haya algunas lágrimas por lo cual recomendamos llevar pañuelo y anteojos oscuros, aunque sea de noche. Algunos amantes más pasionales prefieren prenderles fuego o tirarlos al río- “tiré tu pañuelo al río, para mirarlo cómo se hundía”. Si por algún dejo de nostalgia se les ocurre retener algunos de los objetos que marcaron un hito en su historia de amor- la postal de la declaración, la carta donde hubo aceptación, el boleto del cine de su primera película juntos…- es un crasso error, porque entonces la ruptura será más larga y dolorosa. Lo cual al fin de cuentas implica sólo sufrimiento y bajas expectativas para intentarlo de nuevo.
Tercero. Reunir de los lugares donde su amor tuvo sus máximas expresiones- el arbolito del primer beso, la butaca del cine, , el cine mismo, el motel de las múltiples entregas, el parque, el restaurante, el caber desde donde le mandabas tus e-,mails-. Aquí los amantes cometen uno de los errores más frecuentes porque hacen todo lo contrario, se van a los lugares a darle vuelo a los recuerdos y así en vez de encontrar alivio a sus penas, éstas se hacen más grandes y los dejan muy mal al pasar de los días.
Cuatro. Hacer un largo viaje es uno de los grandes remedios, por eso vemos tanta gente moviéndose de un lado a otro. No es que busquen mejores oportunidades de vida, en realidad lo que buscan es el olvido, la cura de un gran amor, cada uno lleva un puñal atravesado en su corazón, sólo hay que mirarlos bien.
Cinco. Limitar las amistades comunes. Si uno continúa frecuentando las amistades comunes, será inevitable preguntar por aquel o por aquella fingiendo un interés superficial, por preguntar algo, sin ningún interés en particular, pero morirse por dentro cuando uno se entera de que ya sale con otro u otra. Con esto sólo se consigue abrir la herida y echarle ácido, qué manera más absurda de prolongar el sufrimiento.
Seis. Buscarse otro amor. Un clavo saca otro clavo, dice el dicho. Sin embargo, es difícil. Los amantes que se han entregado en cuerpo y alma no se sustituyen nunca. Tampoco están muy dispuestos a iniciar una relación de buenas a primeras. Otra persona en su vida estará en desventaja porque el amante conservará en su mente los recuerdos gratos de su última relación y nada puede hacer contra ello. Pero algunas veces funciona, sobre todo si uno se encuentra a una persona comprensiva para llegar a construir una nueva historia de amor. Nunca se sabe. Donde menos se piensa salta el amor.
Siete. Darle tiempo al tiempo. Aquí se aplica aquella frase que dice que contra los grandes dolores, lo más conveniente es hacerse amigo del tiempo. El tiempo cura todas las heridas. Aunque para aquellos que han amado de una manera profunda, como sólo se puede amar, nada, ni el tiempo podrá curar a los amantes. Quizá le ponga un poco de polvo, pero permanecerá ahí agazapado para siempre.
Nota importante: Si ninguna de estas sugerencias da resultado porque usted las ha probado todas, entonces no habrá poder humano capaz de ayudarle con este problema, por lo cual sugerimos conservar, a toda costa, el gran amor de su vida que ahora tiene.
Una vez que en el amor, cada uno de los participantes, a quien llamaremos los amantes, haya llegado a la saciedad y tenga una imperiosa necesidad de terminarlo- aquí las razones son tantas que sería necesario más espacio que esta receta, más propio para un manual o tratado- deberá tomar en cuenta las siguientes recomendaciones.
Aquí atenderemos únicamente a la manera como se puede curar esta terrible enfermedad cuyo síntoma más notorio es una total fascinación por el ser amado, -pero de ello ya se ha derramado mucha tinta en todos los tiempos y,- cuyas consecuencias, de no tratarse a tiempo, acarrea terribles males a quién la padece.
Los amantes que han decidido dar por terminado ese entramado de pequeños pero potentes lazos, deberán:
Primero. Estar seguros de que es su deseo más firme terminar. Para saber si así es, no hay más que echarse un clavado, en esas noches de insomnio, en uno mismo y preguntarse si ya se ha ido ese gusto, la fascinación por la persona amada. Esto es muy importante porque una vez que se dé este primer paso, no habrá vuelta atrás. Es sabido que un amor nunca será igual aunque se le quiera dar vida artificial, una vez que muere esa alta pasión, nada lo revivirá. La rosa jamás vuelve al rosal.
Segundo. Empezar por deshacerse de los detalles materiales acumulados por ambas partes. Cabe aclarar que en esas rupturas amorosas es uno de los amantes el que termina, raramente son los dos. Así que uno de ellos se aferrará a la fotografía en el parque, al anillo hecho de un pedazo de papel brillante, un osito de peluche, un corazón, un disco, las cartas tan encendidas. Los amantes son como hormiguitas, todo lo que se acumula a veces no cabe en una caja. Una vez reunidos los detallitos, se puede pactar un intercambio tal vez en una última cita, donde puede que haya algunas lágrimas por lo cual recomendamos llevar pañuelo y anteojos oscuros, aunque sea de noche. Algunos amantes más pasionales prefieren prenderles fuego o tirarlos al río- “tiré tu pañuelo al río, para mirarlo cómo se hundía”. Si por algún dejo de nostalgia se les ocurre retener algunos de los objetos que marcaron un hito en su historia de amor- la postal de la declaración, la carta donde hubo aceptación, el boleto del cine de su primera película juntos…- es un crasso error, porque entonces la ruptura será más larga y dolorosa. Lo cual al fin de cuentas implica sólo sufrimiento y bajas expectativas para intentarlo de nuevo.
Tercero. Reunir de los lugares donde su amor tuvo sus máximas expresiones- el arbolito del primer beso, la butaca del cine, , el cine mismo, el motel de las múltiples entregas, el parque, el restaurante, el caber desde donde le mandabas tus e-,mails-. Aquí los amantes cometen uno de los errores más frecuentes porque hacen todo lo contrario, se van a los lugares a darle vuelo a los recuerdos y así en vez de encontrar alivio a sus penas, éstas se hacen más grandes y los dejan muy mal al pasar de los días.
Cuatro. Hacer un largo viaje es uno de los grandes remedios, por eso vemos tanta gente moviéndose de un lado a otro. No es que busquen mejores oportunidades de vida, en realidad lo que buscan es el olvido, la cura de un gran amor, cada uno lleva un puñal atravesado en su corazón, sólo hay que mirarlos bien.
Cinco. Limitar las amistades comunes. Si uno continúa frecuentando las amistades comunes, será inevitable preguntar por aquel o por aquella fingiendo un interés superficial, por preguntar algo, sin ningún interés en particular, pero morirse por dentro cuando uno se entera de que ya sale con otro u otra. Con esto sólo se consigue abrir la herida y echarle ácido, qué manera más absurda de prolongar el sufrimiento.
Seis. Buscarse otro amor. Un clavo saca otro clavo, dice el dicho. Sin embargo, es difícil. Los amantes que se han entregado en cuerpo y alma no se sustituyen nunca. Tampoco están muy dispuestos a iniciar una relación de buenas a primeras. Otra persona en su vida estará en desventaja porque el amante conservará en su mente los recuerdos gratos de su última relación y nada puede hacer contra ello. Pero algunas veces funciona, sobre todo si uno se encuentra a una persona comprensiva para llegar a construir una nueva historia de amor. Nunca se sabe. Donde menos se piensa salta el amor.
Siete. Darle tiempo al tiempo. Aquí se aplica aquella frase que dice que contra los grandes dolores, lo más conveniente es hacerse amigo del tiempo. El tiempo cura todas las heridas. Aunque para aquellos que han amado de una manera profunda, como sólo se puede amar, nada, ni el tiempo podrá curar a los amantes. Quizá le ponga un poco de polvo, pero permanecerá ahí agazapado para siempre.
Nota importante: Si ninguna de estas sugerencias da resultado porque usted las ha probado todas, entonces no habrá poder humano capaz de ayudarle con este problema, por lo cual sugerimos conservar, a toda costa, el gran amor de su vida que ahora tiene.
Si bien es cierto que esto no es un cuento, me interesa que esté en esta sección.
2 comentarios:
Muy acertado, Maestro y con una dosis de gracia, encanto, amenidad. Brenda.
Gracias, Brenda, espero que sigas visitando este sitio. Un saludo.
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